TEOREMAS CONCEPTUALES II. SOBRE LA RAZÓN ESTÉTICA. By Conrado Maletá. Cuba, 2005
1.- El cuestionamiento primario conceptual.
”La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino decirlas como si nunca hubiesen sido dichas por otro. " Goethe.
Hace mucho que el mundo del arte ha dejado de ser un universo de exclusiva producción de bienes. El consumo ha evolucionado conjuntamente con la apertura en la esfera teórica del quehacer artístico aun cuando en mayor o menor grado, de acuerdo con las circunstancias que se presentan, perduran marcos sociales en los que el anclaje a lo clasicista interfiere en la permeabilidad de las nuevas maneras del arte experimental.
Iniciar una propuesta conceptualista a partir de las preguntas relativas a ¿qué es el arte? o, ¿qué hace el arte? podría resultar harto manido a menos que se usen las mismas a modo de leitmotiv que de manera lineal conduce una reflexión sinuosa remarcando los puntos tangenciales a los que se aproxime el ente pensante en su proceso de alimentación mental respecto al tema. Las componentes fácticas tanto estéticas como intelectivas del arte conceptualizado no necesariamente son convergentes y en determinadas ocasiones una puede causar un efecto notablemente entrópico a la otra ocasionando una disyunción en el probable discurso inducido de la obra.
Respecto a la composición analítica del factor intelectivo, cabría efectuar un deslinde en virtud del cual el puro discurso teorético se separa de la función discursiva explicativa o abundativa del arte. En un acercamiento dialéctico las categorías funcionales explicativa-abundativa retornan en su médula a la base estética del quehacer artístico en cuanto se concreten como proyecciones del espacio sociocultural del hacedor desde una óptica tanto extrovertida como introvertida.
Solamente en el siglo XX, y de modo ocasionalmente revolucionario, el camino sinuoso de los cuestionamientos fundamentales de las artes a concretado enlaces sólidos dentro de campos generales del análisis teórico con fuerte incidencia de la filosofía. La misma ha actuado como catalizador y legitimador de las acciones-reacciones producidas en cada encuentro tangencial que catapulta a la cúpula avant garde hacia los mercados establecidos. Los estados intermedios quedan caracterizados a partir de la confusión primigenia del público ante el producto artístico, la posterior antítesis crítica y su resistida pero inminente síntesis que antecede al contacto legitimador.”Concluyo que esa confusión tiene importancia porque es a la vez crónica y endémica”. Sanchez Ortiz de Urbina, Ricardo: ¿Qué hace el arte? Conferencia pronunciada el 26 de Febrero de 1999 en la Fundación Segundo y Santiago Montes. Valladolid, España. Revista Complejidad No. 4.
La teoría conceptual resulta rotundamente necesaria dada la virtud intelectiva del YO racional. En este sentido, el arte se justifica como forma dianoética del alma del individuo que se reconoce como ser humano en plena facultad del raciocinio. El carácter apodíctico del arte más elemental queda en el margen suficiente del discurso explicativo-abundativo y las componentes estéticas pero que en su evolución teórica logra rebasarlo hasta, de manera puntual, concretar una verdadera ciencia del arte. Es aquí cuando el Arte se concentra en la capacidad demostrativa de las funciones intelectivas y que actúa heurísticamente sobre el cosmos civilizatorio contemporáneo. Aún pudiendo tomarse como no convergentes, lo estético y lo intelectivo en el arte súper actúan más o menos cooperativamente en la generación de un discurso y su correspondiente res factual. La Conceptualización del arte permite así mismo la concreción no fáctica sino teorética de un evento heurístico en un opcional devenir acorde a los intereses del ente pensante.
A la luz de hoy, responder a la pregunta de ¿Qué es el arte? queda al margen (necesario), siendo más interesante responder el ¿Qué hace el arte? o incluso el ¿Cómo se hace el arte? Un ejemplo notable de las respuestas permisibles sobre el tema la tenemos en el teórico y coleccionista norteamericano Nelson Goodman quien efectuaba las preguntas desde un ¿Cuándo hay arte? Goodman auto respondía con una: “hay arte cuando algo, cualquier cosa, no necesariamente un objeto intencionalmente artístico, funciona como símbolo, cuando nuestra atención se dirige hacia algo en tanto que símbolo ejemplifica una propiedad”. La respuesta enunciada por Goodman puede tender a ubicar la esencia del arte de forma excéntrica y en un status quo heurístico menor correspondiente al encuentro o descubrimiento. El único elemento que valora la acción artística sería pues, el símbolo y esto nos desvía hacia campos filosóficos en los que el componente estético y los factores discursivos pro fácticos son cardinales en cuanto permiten dicho encuentro o descubrimiento del objeto artístico. Pero… ¿Es el arte una especie de filosofía especulativa?
En la concreción material de la obra de arte, se hace manifiesto el carácter no homogéneo del mecanismo crono-fáctico a partir de la disyunción y simultánea aproximación conjuntiva de sus componentes objetivos y subjetivos. El aspecto simbólico solo se manifiesta como elemento epidérmico en íntima relación con lo ideológico aportado por la experiencia vivencial del creador. Ambas cuestiones son expresiones encubiertas de la necesidad de supervivencia tanto del actor como del actuante y en mediatas circunstancias del interactuante. La res artística no se construye a partir de la asociación libre de las llamadas “esencias sin conceptos” o “esencias salvajes” (Merleu-Ponty) que flotan en el reino de la contingencia y la indeterminación por el hecho de que el arte es fruto de presiones circunstanciales y exige por naturaleza el esbozo al menos de un discurso fáctico estético o intelectivo según sea el caso. La generación de un soporte conceptual objetivo es la vía única permisible al arte contemporáneo para evitar su caída en el pastiche especulativo de las redes de mercadeo.
El arte como experiencia cultural universal y omnipresente en la historia humana puede generar situaciones aparenciales en el marco físico de la realidad o en la subjetividad del creador y, de igual modo en reciprocidad, es el individuo como actor de su propia realidad quien inserta claves ideológicas por reactividad al cúmulo heterogéneo del quehacer artístico. Si se tiene en cuenta que como tal es la formación cultural de mayor amplitud y variabilidad, resultará en una expresión aparencial mediada de lo racional proyectada sobre el medio comunicacional según sea el nivel conceptual del discurso propuesto. El espacio teorético producido por la especulación intelectual se asemeja a la epoché o suspensión en el sentido filosófico clásico.
En el arte contemporáneo, a partir de una conceptualización del evento artístico, se verifican categorías generales como la variabilidad, la reactividad fáctica y la complejidad intelectiva en grados múltiples de consonancia y efectividad. El intento de brindar una respuesta contundente al quehacer del arte queda ininteligible dentro del mare magnum de probables respuestas a obtener. Lo cierto es que el alcance reflexivo del arte conceptualizado brinda la oportunidad de generar un intercambio comunicacional en el que tanto la semántica como la semiótica calzan el discurso en función de una experiencia intelectiva proyectada hacia la sociedad.
Los recursos el lenguaje aplicado al arte, constituyen generatrices del evento fáctico a partir de la metáfora, la sugerencia intertextual y lo aparencial del concepto ofrecido al público. La organización de los componentes simbólicos no define líneas de estructura en la obra sino que enriquece el discurso propuesto para una mayor ilustración del sentido de la diégesis manifiesta. Se produce acá entonces un inevitable acercamiento a la filosofía Wittgensteiniana. Acercamiento, solo eso, por cuanto el arte conceptual no deberá centrase en la manifestación tangible de la idea sino en la idea misma como componente intelectivo.
La búsqueda compulsiva del hecho artístico de la Luz, esencia de la claridad del razonamiento aun cuando se apele a la subjetividad de experiencia recuerda el que "conceptual artists are mystics rather than rationalist. They leap to conclusions that logic cannot reach" Lawerence Weiner. Sentences on conceptual art. American Arts Review, 1969.
No obstante esto, se aspira siempre a la obtención del dato fáctico como fin del accionar sin fin del arte.
II. El juicio artístico.
Resulta frecuentemente aceptado como inminente en todo proceso de creación artístico el hecho de la subjetividad del creador. Ha de entenderse la prácticamente unívoca línea de generación conceptual en la que el artista aparece sumergido en su meta-esencia individual casi como un semidiós que levita sobre la realidad del mundo. No obstante, si bien este distanciamiento presumible es totalmente aceptable como parte de la poética personal del artista y sus derechos de escape a lo recóndito de su intimidad, se hace también necesaria la combinación de las búsquedas de lo subjetivo con la necesidad de documentar y reflexionar sobre la objetividad del mundo nuestro que nos absorbe y ocupa. El artista abre sus ventanas sensoriales e intelectivas hacia la otredad y su civilizada humanidad. Se acerca como un estudioso, un investigador que navega por las aguas tanto del universo psíquico personal como de igual modo se adentra en las profundidades del mar océano de las búsquedas y contactos antropológicos y metasociales. Es además un verdadero poeta que siente en carne propia las variaciones y cadencias del espíritu de la época que habita.
Las formas más seguras de la proyección subjetiva del creador toman como referente la investigación suprapersonal en una mirada introspectiva y al mismo tiempo a partir de la generación de un efecto de rebote intelectivo accede a la comprensión de aspectos sociales de escala mucho más general. La toma de conciencia de la otredad en el creador no descarta su consumación co-participativa a través de la aceptación de la realidad general desde la univoca óptica del mismo. La necesaria indagación hacia afuera pretende constituirse en una búsqueda del artista del otro que comparte el espacio vital de su ciudad, de su pequeña mundo de míticos aciertos y programáticos discursos que conducen al enajenado ensueño de vivir. No obstante la realidad tangible en el discurso del artista sincerado con su propia existencia, la presencia de una inminente franja de encuentros y desencuentros que se erige amenazante a las puertas mismas del estreno y construcción de un nuevo planteamiento o la reasimilación de los ya existentes se centra en la difícil reacción y motivación del ente creador y su potencial público.
La cuestión universal más debatida en relación con las artes en general gira en torno a la cuestión de la aceptación o no de la obra de arte. La negación por parte de un cierto público de reconocer la valía de una pieza propuesta como “arte” por el creador queda en el margen de autorreconocimiento individual al que nos acogemos según sea necesario. Cada miembro del público que pisa el suelo de las galerías en primera instancia ha aceptado la existencia de este espacio de diálogo en el que el artista es cada vez con mayor frecuencia un componente del grupo más. Cada persona aborda la experiencia desde los puntos de vista de su propia concepción del mundo y la subjetividad de dicha proyección incide en la opinión generada acerca del producto que consume en el espacio de la galería o el sitio artístico en cuestión. Quot homines, tot causae (Terence Phormio, line 454).
El juicio de gusto no parte pues de una valoración teorética de alto rango sino que obedece a una inminente y necesaria respuesta de tipo fáctico. El juicio elaborado por el público consumidor del arte no es en cierta medida lógico sino que al quedar en el campo de lo estético deviene en subjetivo. La aparente inocuidad del juicio de este tipo podría mostrarse como desinteresada pero también produce un interés por cuanto son interesantes (Kant) al espectador.
En el presente se puede reconocer que la valoración de gusto puede estar mediada por el previo reconocimiento de carácter singular de la obra de arte como mercancía potencial y que orbita en la esfera del marketing y la propaganda. Finalmente, cuando declaramos bello un objeto o una experiencia efímera que se nos proponga como obra artística, se parte de un concepto determinado por el average vivencial del individuo en su marco social, dicho concepto enjuicia la percepción íntegra de la propuesta y por tanto la discrimina de la pureza del juicio. El acercamiento reflexivo por parte del consumidor de arte ha de entenderse también como una forma de búsqueda autoidentitaria en la que la otredad del discurso propuesto cataliza emocionalmente los datos autobiográficos del espectador adecuadamente sincerado a la propuesta. La proposición-recepción del arte debe realizarse desde el placer: que Eros haga irrupción el Logos sorteando alternativas lúdicas, ejercicios visuales del autor con su público, juegos expresivos, divertimentos.
El artista-productor de nuevos bienes estéticos e intelectivos, asume las inquietudes estéticas desde otros puntos de vista tangenciales pero inclusivos ante la barrera que se levanta por parte del sector del público más "cultivado". Se recurre al uso de formas más sintéticas y concisas de expresión formal de manera que el espectador que se enfrenta a la obra no ha de buscar lo “estéticamente agradable” sino el discurso atrevido de lo “contextualmente inconveniente y temerario”, lo indudablemente contenido en la psiquis socialmente condicionada del ciudadano común que somos. Es una forma esencialmente subjetivista del estudio del ser creador pero proyectado hacia la civilización que lo genera y contiene. Los riesgos ante este actuar han de encontrarse en la manida y reiterativa plasmación de estos recursos. El artista ha de trabajar no en función de una diégesis monológica y exclusivista sino que abrirá sus puertas y las miradas del intelecto y el alma hacia los demás. Las reglas de este juego aún no se han escrito a pesar de que remedan (intuitivamente) a las reglas que regulan la vida del hombre común de hoy... cuestionables dentro de la óptica del creador sincerado con su Yo y en acecho de la otredad inminente."Hay que buscar nuevos horizontes, pero no basta con el azar o con el caos; la novedad ha de surgir de la insistencia y de la búsqueda." (Cesareo Rodríguez).
El proceso objetivo a partir del cual la obra de arte y el evento artístico en particular se desligan del la fuente intelectiva creadora no se concentra en la concreción fáctica de la misma sino que se estructura en un discurso de método, de formas viables de transición y comunicación. Este sendero a transitar conduce a la transmisión del hecho artístico o de la res obtenida a partir de la reducción de los marcos de libre acción y composición favoreciendo la cualidad expresiva del discurso conceptual propuesto. La predisponibilidad afectiva e intelectiva del público es una condición apriorística para el disfrute de las obras en cuanto son asumidas como tal.
Bibliografía:
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-Compagnon, Antoine: Las cinco paradojas de la modernidad. Editorial Monte Avila. Venezuela, 1991.
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-Sanchez Ortiz de Urbina, Ricardo: ¿Qué hace el arte?. Conferencia pronunciada el 26 de Febrero de 1999 en la Fundación Segundo y Santiago Montes. Valladolid, España.
-Trías, Eugenio: El laberinto de la estética. Conferencia. Granada, 1997. España
-Revista Nómadas, Subjetividades contemporáneas: producciones y resistencias, No 16/2002. Universidad Central, Departamento de Investigaciones. Bogotá, Colombia.
-Revista Nómadas, Investigación y transformaciones sociales, No 17/2002. Universidad Central, Departamento de Investigaciones. Bogotá, Colombia.
-Revista Arte Cubano, No 1/2000. Arte-Cubano Ediciones. La Habana.
-Revista Revolución y Cultura No, 1/96. La Habana, Cuba.
-Revista
Revolución y Cultura, No4/2003. La Habana, Cuba.
A Text By: Arq. Conrado Rafael Pérez Maletá. Santiago De Cuba, 2005

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